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Brian y Malena

Brian y Malena son dos stickers en el vidrio de atrás de una Trafic. Son sinónimo de un padre orgulloso, son el equivalente a un viejo laburante, que reparte algo que no se ve en esa camioneta.

El conductor de la chata es bastante joven, tendrá unos 30, pero aparenta un poco más. Es sabido que los que laburan en el reparto se levantan temprano, que son de los que más hechos pelota llegan a sus casas.

Me pregunto que llevó a este repartidor a contarle a todo el que frena detrás suyo, que es el orgulloso papá de Brian, que seguramente ya habrá pateado alguna que otra pelota, y el flamante progenitor de Malena, Male, la beba.

No es la primera vez que veo algo así, la otra vez vi un hombre que en sus antebrazos -el izquierdo y el derecho respectivamente- tenía tatuados los nombres de sus dos hijos. “No se donde me voy a poner el nombre de la que está en camino” me dijo con una sonrisa que intuí, pero que la barba me impidió ver.

Lo más probable es que en algún momento Brian crezca, es casi seguro que alguna materia se llevará en el colegio. Cuando tenga algunos años en el conurbano tal vez se empiece a juntar con los pibes de la esquina, y nunca rinda esa materia que se llevó. ¿Cuanto tiempo pasará para que Malena tenga su primera vez con un pibe mucho más grande, que no la cuide, que Brian sea tío y el repartidor abuelo prematuro?

Probablemente el olor a porro que tendrá el varón, el más grande, no sea lo que ese repartidor de vaya uno a saber que cosa tenía pensado cuando pegó esas calcomanías, cuando el de barba se tatuó los antebrazos. Se levantó muy temprano por mucho tiempo para poder mandar a Malena al colegio bien desayunada, para comprarle el manual de 6to grado a Brian.

Lo cierto es que el muchacho de treinta años cree tener en esa camioneta el volante del destino de sus hijos, el motor que los impulse a salir adelante, y las calcomanías que le recuerdan cada vez que baja a descargar mercadería, porque se está rompiendo el lomo.

¿Creerá tal vez en un par de años que fue en vano tanto esfuerzo, el haberse alejado de la misma esquina que tal vez Brian frecuente? Con los años las calcomanías se desgastan, con las lluvias y los lavados de carrocería a veces pierden alguna letra, los tatuajes van perdiendo su color hasta dejar de ser objetos extraños que uno observa como ajenos mientras se ducha. Las marcas siempre quedan.

El vínculo que une al repartidor con sus dos hijos es irrompible, haga lo que haga no puede dejar de ser su papá. Aunque algún día Brian no lo reconozca porque está quemado, aunque Malena no quiera saber de él porque se siente avergonzada, porque dejó de ser la chica que se sacaba buenas notas para ser la que amamanta a un nene con alguno de esos nombres campestres que volvieron a ponerse de moda, ser la “señora” de un vago que se gasta lo que no tiene en alimentos para el alma con corta fecha de expiración.

El semáforo se pone en verde y las calcomanías se alejan, el muchacho de unos 30 años, pero que aparenta más, tiene que subir por cuarta vez en el día a la General Paz.

3 Comments

  1. Darío says:

    Desesperanzador tu relato, pero lo he visto muchas veces. Desgraciadamente, muchos padres tienen en mente que lo mejor que les pueden dar a sus hijos es mucho laburo. Es verdad, estos padres tampoco compraron el “Manual de padres” porque en la desorientación que reina no sabían que había uno. En lugar de eso, encontrás frases como “me salió drogadicto”, o “es la junta que tiene”, sin poder explicarse cómo se llegó a ese estado.
    Estamos en épocas en que nadie te dice lo que tenés que hacer porque nadie tiene la verdad. Nadie quiere imponer nada y cada uno hace su vida. De esta manera se deja todo librado al azar como si una misteriosa mano invisible equilibrase los tantos para que en la vida nos vaya bien. Esta mano invisible no existe.
    Para los que creemos en Dios, sabemos que sigue habien normas de vida. Y para todos es necesario recuperar el diálogo con los viejos que tienen experiencia y el diálogo con los hijos, que no tienen nada. Tiempo juntos invertidos en semillas de vida darán como resultado el viejo proverbio que dice “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.

  2. Tamara says:

    Bueno, mirá lo que vine a descubrir (me refiero al blog)
    Triste o desesperanzador en algún punto, pero real.
    Me gustó…

  3. Guidowain says:

    Espectacular, Laucha. Me re gustó!

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