Durante los noventa el aire acondicionado era un lujo, era la novedad. Nadie proyectaba sus tardes en base a la agradable sensación de que los de afuera son de palo, en que la realidad mejor se encuentre dentro de la casa, en que el bienestar de las 12 cuotas sin interés sea irreverente para con lo que sucede afuera.
Creo en el aire acondicionado como un invento revolucionador, un hito político de control de masas, mi primer contacto con el gas Freón lo tuve a la corta edad de 9 años. A esa edad me encantaba acompañar en su jornada laboral a mi abuela Ana, oficial mayor de escribanía; de esas personas que sin un título saben por experiencia. Que sin doctorados, saben como resolver un conflicto notarial, pero también en que lugar pedir la mejor pizza.
Lo que más me gustaba de la escribanía era la olivetti verde que quedaba libre, habían llegado las computadoras y a la pobre máquina de escribir no la habían jubilado, sino más bien la habían degradado a “úsese en caso de corte de luz”. No hay nada más placentero que el ruido de una olivetti cuando uno sabe teclear rápido. O cuando no sabe hacerlo, pero no le importan los errores ortográficos.
Por cada letra imprenta minúscula impresa en el revés de una carilla ya utilizada, mi cerebro liberaba una especie de
endorfinas ligadas al chocolate kinder, y a autoguitarrearse (cosa que había descubierto poco tiempo antes). Con la llegada del aire acondicionado, las ganas de acompañar a mi abuela se multiplicaron; era la panacea del hedonista sonoro, el “taka taka” de la olivetti, en un ambiente fresco y con un dejo de olor a tabaco.
Con el tiempo, ya pasado el 2000, las costumbres fueron cambiando. Los chicos que solíamos disfrutar las tardes transpirando ese sudor inodoro de la infancia, ese agüita en la cara que refrescaba al correr escapando del loco de la inmobiliaria Nube, crecimos y nos encerrámos a ver dibujitos japoneses bajo el manto del frescor eléctrico.
Los chicos que debían reemplazarnos en las calles, torturando a los vecinos con maldades sin secuelas, empezaron a no salir tampoco.
Recuerdo las familias sentadas en la vereda, recuerdo los señores gordos en cuero tomando cerveza fría sentados en banquitos. La gente aprovechaba esos momentos para quejarse del calor, del país, de todo lo que no podían solucionar desde sus banquitos. Es que el calor promueve el malestar, es padrino del conflicto, es amigo del desgraciado, y enemigo íntimo del que no se enoja nunca.
Creo en los climatizadores como condicionantes del aire. Como creadores de una generación de cómodos, que solo se quejan, cuando se ven obligados a despojarse de su frescura para hacer algún trámite, o cuando tienen que viajar en el transporte público.
Las grandes reuniones y decisiones se desarrollan en ambientes climatizados, nadie quiere que las partes estén molestas. Cuando te echan del laburo, la noticia, y el cheque de la indemnización te los dan en una oficina fresca. Cuando el dentista te está por extirpar las muelas de juicio, pone el aire en 22°, y cuando te va a cobrar lo pone en 18°.
Nunca debimos llamar a la nube de mentiras disfrazadas de clima templado “aire”, el aire es mucho más que la oferta de un local de elctrodomésticos, mucho más que el desinterés de algún banco.
Tal vez sea demasiado tarde para corregir este comportamiento en la sociedad, muchos de nosotros ya chivamos feo.

Lo que pasa con el aire acondicionado es lo que han logrado muchos otros avances tecnológicos: recluirnos en nuestros hogares.
Para mí, una de las tantas cosas que hizo es fue la PC. Sí, es cierto que la PC trajo Internet, y con Internet; contactos. Y con los contactos, las redes sociales. Y con las redes sociales, Twitter. Y con Twitter, vos; Nico y los chicos, de los cuáles no hubiera conocido sino tenía PC.
Pero volviendo un poco al tema, la tecnología ha llegado a el punto en que ya reemplaza prácticamente todas las tareas manuales y artesanales. Esas tareas que tenían un gustito distinto al concluirlas, porque sabíamos que eran producto de nuestro esfuerzo. Y no solo tareas, también esas actividades que nos daban el contacto con la naturaleza, que la sentías siempre cerca tuyo y que sabías que no existía nada más reconfortante que salir a pelotear afuera después de tomar la chocolatada.
Pero la tecnología de a poco fue borrando eso. Yo trato de mantenerlo vivo, y de comunicarlo a mis hermanos. Siempre que puedo, salgo a pelotear con ellos; o me doy el lujo de salir a disfrutar el verde. El problema en todo esto es que, parece que es un proceso irreversible y que aunque exista gente como yo, que aún trata de preservar las viejas costumbres; son más los que no piensan moverse de este nuevo “comodismo” integrado por los aires, Internet y demases.
Un abrazo Lauchita, te agrego al blogroll.
Justamente estoy en plenas tratativas para comprarme un split. Ya no concibo vivir sin aire, ya no puedo descansar sin ese coso que tira aire fresco y facturas de luz abultadas, mi depto no es mi depto si pronto no adquiero el bendito split. De hecho, mi jefe incrementa sustancialmente su bonus de fin de año siempre y cuando adquiera el dichoso electrodoméstico. O sea, la presión es mucha, el interés mío es demasiado y ya no hay vuelta que darle: necesito un aire. Ya demasiado chivo en el laburo!
Ahora que lo pienso, a la netbook la compré con una finalidad parecida: si estaba en la pc y tenía frío me podía ir a la cama con la pequeña Acer.
Si, un vago total, después de todo, para que laburo como buen negro que soy sino me puedo dar esos caros gustitos.
Abrazo grande Laucha!
Comparto la opinión con Vester, inclusive en la parte de twitter y conocerlos a uds muchachos -borta&vos-
Creo que ahora no sabríamos que hacer si tuvieramos que estar sin el aire como lo estuvieron nuestros abuelos o algunos de nuestros padres, así como pertenecemos a la generación de la informática y la tecnología, somos quienes disfrutamos a pleno la expansión del aire acondicionado, pasando de ser algo que se disfrutaba en algunos sitios a ser algo que la gran mayoría de los hogares ahora posee y se ha convertido en algo tan normal como el televisor dentro de los mismos.
Laucha, sos un grande, amigo. Un abrazo!
Quiero comentarle que estas vacaciones pasadas en casa de mis padres, en la que no hay aire acondicionado , estaba transcurriendo el día más caluroso del año.
Nuestros cuerpos transpiraban sin cesar, pero no podiamos dejar nuestro gran vicio que es el mate , una situación terrible …..
A la tardecita empezó a nublarse y sentirse ese olor a tierra mojada y “fresco” de verano que antecede la lluvia. La sensación de ese vientito en la piel es hermosa sinceramente , y se oyó la frase – Los ricos nunca sentirán la sensación del frescor de la lluvia luego de un día de trabajo con un calor de estos .
Fue poético, quería comentarlo nada más
Saludo