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Las constantes de la vida

6 años tenía cuando mamá me regaló mi primer diario íntimo, era de ositos, con las carillas perfumadas, con renglones de trazo irregular, una mariconada en otras palabras, era tan de nena ese diario que con 6 años me avergonzaba tenerlo.

Nada interesante puede contarse a esa edad, al principio mis notas eran dedicadas al día que falté a la escuela porque me pinché un dedo del pie, la vez que mi abuela me regaló diez pesos y me los gasté en figuritas del chavo, o la ocasión en que me enfermé de gripe y me tuvieron que prestar una carpeta para no atrasarme en el colegio.

Después de un par de días, (8 para ser exactos) me aburrió y lo empezé a usar para escribir cuentos. Todos esos cuentos empezaban con “había una vez” y no duraban más de 10 renglones, no eran descriptivos, no tenían conflicto, y sus personajes vivían felices para siempre, o repentinamente se morían porque si.

De todas formas descubrí que me gustaba inventar cosas, me gustaba exagerar las que ya existían, y más que nada me gustaba verlas escritas en ese cuaderno.

Ya en la primaria, la clase de lengua era mi favorita, tenía que escribir historias y me ponían buenas notas por eso, muchos elegían la temática grande: el extraterrestre que vino a conquistar el mundo, el nene que se ve involucrado en una persecusión feroz, o el papá que tiene el trabajo más importante del mundo. A mi me gustaban las historias chiquitas, las que le podían pasar a cualquiera: la vieja que tiraba baldazos de agua caliente si le hacían ring raje, el encargado de edificio que tenía fichados a los malandras del barrio, o las señoras que dejaban que sus caniches toy ensuciaran las veredas.

Durante la secundaria descubrí el beneficio de escribir decentemente en las pruebas de historia, en las de filosofía, y en cada una en la que me dieran un espacio para desarrollar un conocimiento (que siempre era poco pero bien floreado). Me llevé en todos los cursos y sin excepción alguna las materias duras, en las que había que aplicar la memoria, fórmulas, o un análisis lo más parecido posible al del profesor de turno.

Mi primer beso lo conseguí por una carta bien redactada, en la que le declaraba mi amor incondicional y la posibilidad de compartir las tutucas en el recreo a Eva Sotomayor, la nena más alta del curso (incluyendo a los varones).

La época de la facultad fue casi un paraíso, uno podía elegir que materias cursaba, y dejar las tediosas para después. Me anoté en todas las que por su nombre parecían accesibles para quien abunda en contenidos inexistentes. Noté que la jugada no resultó demasiadobien al descubrir que para aprobar varias de ellas tenía que aplicar la lógica, o desarrollar algún contenido de esos que se aprenden específicamente de memoria.

Una vez intenté escribir una novela, estaba enojado con mis viejos, estaba molesto con mi vida, y decidí expresarlo en una hoja de Word 97′, escribí la frase “Es difícil convivir conmigo mismo” y cerré todo. No sé escribir enojado.

Después de vagabundear por carreras, decidí enfocarme en la escritura como modo de vida, siempre pensé que era algo imposible, que no había lugar en este mundo para gente como yo. Con el tiempo descubrí que si, pero que casi nunca se puede escribir sobre la vieja de los baldazos o del fenómeno del ring raje en la sociedad de los 90′.

Abrí un blog, pensando que era una buena forma de no perder los hábitos, de no perder la agilidad mental para contar cosas intrascendentes de la manera más agradable que pudiera lograr. Contar las cosas que a mí sólo me importan y que por algún fenómeno de la naturaleza, a muchos de ustedes también.

Creo en las constantes como una forma de autochequeo, de balance. Cuando uno es complejo y desordenado, todo lo que tiene en el mundo son las constantes, y estoy casi seguro de que los caniches toy siguen ensoretando las veredas.

2 Comments

  1. ce says:

    qué lindo es leerte, amigo.
    gracias por mantener tu diario íntimo abierto a todos nosotros.

  2. rasa says:

    Aún no sé como fui a caer aquí, como terminé leyéndote y lo que es peor, que hago revisando tu blog día a día. Creo que una leve idea del motivo tengo: escribís terriblemente bien, hacés de una pavada un mundo y leerte es en verdad muy divertido, en fin, querido laucha: tenés un chamuyo tremendo!

    Un abrazo grande, sabés que te aprecio y muchas felicidades amigo!

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