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Por la fuerza

Piloto de avión. “Piloto de avión” fue siempre la respuesta que dí a la tediosa pregunta que todos los adultos hacen.
Desde chico tenía admiración por esas bestias del aire, y por como levantaban vuelo siendo tanto más grandes que una paloma. Me crié arriba de aviones, en mi cumpleaños número cinco mi viejo me llevó de Buenos Aires a Mendoza
en la cabina, para cuando tenía 9 ya había llegado hasta Ushuaia y conocía por primera vez la nieve.

Para ser piloto en Argentina uno tenía dos opciones: hacer un curso carísimo de piloto civil, o ingresar en la Fuerza Aérea, fumarse cuatro años para ser oficial, y otros tres para ser piloto. No era fácil entrar, no era fácil permanecer, no era fácil llegar. Cuando se es chico, los desafíos se ven como simples obstáculos que se van a ir sorteando de maneras misteriosas e improvisadas, cuando uno llega a los 18, los obstáculos, le dan fiaca.

“¿Porqué no probás un año como soldado, a ver si te gusta la vida militar?” me dijo Roberto, y así fue como me enrolé en la Fuerza Aérea como soldado voluntario. Así fue como lo conocí a Gorsky.

Alfredo Gorsky quería ser soldador. Gordo y petiso, con cara de simpático, pero a la vez con gesto de pocos amigos. Al principio no quise caer en la obviedad de que Gorsky había confundido las palabras “soldado” con “soldador”, pensé que al finalizar la instrucción tal vez tendría arreglado un destino en el departamento técnico, donde podría cumplir su sueño de fundir metales a fin de que quedaran solidificados.

Al cabo de dos semanas, sospeché lo primero.

Gorsky era el hazmerreir del pelotón, que digo pelotón, de toda la compañía histórica de la Fuerza Aérea, lugar donde se formaban los próximos defensores de la patria, o mejor dicho, donde formaban a los llevapapeles de las oficinas del edificio Cóndor.  El rechoncho era desalineado, rehusaba de cortarse el pelo, y no se afeitaba el bigote; ese bigote de lampiño que te sale a los 18, el impresentable, el inadmisible bigote de la pubertad.

“¿Estuvo soplando caños de escape?” le preguntaba con sorna el suboficial Benitez, “¿Se comió una araña y se dejó afuera las patitas?” insistía a fin de sacar una carcajada al grupo de 15 futuros militares con ganas de pagarse la facultad y estudiar cualquier otra cosa.

Recuerdo con exactitud el día en que Gorsky confundió el mingitorio con la ducha, y meó lo que un soldado antiguo había limpiado hacía cuestión de minutos, lo recuerdo con exactitud porque el castigo de nuestro instructor fue realizar una serie de flexiones de brazos infinita. Gorsky no confesó haberlo meado, pienso que no confesó no por falta de códigos, sino porque efectivamente pensó que no había meado en la ducha.

Tres días estuvimos sin poder llevarnos el tenedor a la boca por el dolor en los bíceps. Gorsky seguía con su sueño de unir hierros, y los demás nos replanteamos la necesidad de sufrir tanto calvario a fin de no tener que pedirle plata a papá para comprar en Levi’s.

Llegué a encariñarme con Gorsky, nada gracioso pasaba en la compañía de no ser por él y por “Gomero”, cuyo apellido real era Romero pero que al tener cierta dificultad para pronunciar la erre se ganó el mote.

Al mediar la instrucción, a Gorsky lo hicieron llorar. Las lágrimas caían en ese bigote que no se sabía si era bigote o mugre, se dio cuenta que era el hazmerreír de la Fuerza, se dio cuenta que en ningún momento nos enseñarían a soldar, y que no podría nunca realizar bajo el rótulo de personal militar, su sueño más preciado.

Gorsky pidió la baja, y yo estuve un año en la Fuerza, dándome cuenta que lo mío no era ser piloto de avión, o tal vez si, pero que la vida militar era un precio muy alto de pagar. Me tendría que pasar la vida diciendo “si, señor” a gente que no merecía tal respeto, me tendría que despojar de mi humanidad más de una vez, sólo porque alguien ingresó
un año antes .

Después de un año pedí la baja, y me encaminé a cumplir otros sueños que no había descubierto aún, el de dejarme la barba y cortarme el pelo cuando se me diera la gana. Sueños menores, comparados con el de Gorsky, quien espero, esté fundiendo metales con un bigote más refinado.

3 Comments

  1. [...] This post was mentioned on Twitter by Laureana Varisco , Yesica Moreno and Nicolas Bortagaray, ce diaz. ce diaz said: de bigotes newbies y sueños cruzados. http://cor.to/lBh otra gran postal del amigo @noblezalaucha [...]

  2. Gaby says:

    Sabía que algún día ibas a contar(me) esta historia :D

  3. rasa says:

    Yo decía que queria ser colectivero. Cuándo una persona mayor me agarró y al escucharme me dijo: te vas a cagar de hambre, vas a vivir con el culo arriba del asiento, puteando a los demás conductores, estresado, la gente te va a odiar!!!… eso me hizo desistir de mi sueño arriba de un 1114. Hoy no se si cumplí mi sueño, ya que lo que hago no sé si sería lo que hubiese soñado pero bueno, al menos no soy colectivero y eso es bueno ¿no? ;)

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