La playstation es la excusa que tenemos los hombres para juntarnos a hablar de minas. Entre picado y picado, entre cada barca – Inter nos mandamos un puñado de maníes, un trago de cerveza, y exponemos un poco mas nuestra miseria amorosa, miseria amorosa que consiste básicamente en que “justo la que nos gusta no nos da bola” y que con los años va evolucionando a temas como “no se porque me dejó” , “no se porque la dejé”, “ya se porque me dejó” y “menos mal que la dejé”.
Mi primera play me la compré a los 13, hacía poco me había mudado a la provincia de Buenos Aires y tenia menos amigos que Skeletor, hacia calor, mucho calor en la provincia. En la casa nueva, estando en planta baja no corría el mismo viento que corría en ese piso 12 de Villa Urquiza, y yo estaba ahí, el verano entero sin ver la luz del sol, encerrado con los videojuegos.
Poco tiempo después empecé a hacer algunos amigos: uno por una abuela que reconoció cierta compatibilidad entre un jugador compulsivo (de playstation) como yo y un gamer adicto “que no hace mas que jugar al aparato ese con la televisión”. Otro, el Javito, por cercanía barrial, y por un singular parecido físico conmigo que hacía que en la calle la gente pensara que éramos hermanos. Por momentos jugábamos a la play, por otros salíamos a callejear hasta que se hiciera de noche, y nos viéramos obligados a volver a viciar.
A los 17 la playstation ya era un ritual, el punto de encuentro, hacer algo mientras te entrelazás con tus amigos y les confesás lo que ni a tus viejos le dirías – a los 17 cualquiera sabe más de vos que tus viejos – y te entregás a los sabios consejos de alguien que tiene una experiencia nula, o simplemente parecida a la tuya, pero que en el fondo te entiende (Aunque a veces se aproveche de la cháchara para ganarte el partidito mientras le abrís tu corazón).
Ahora que me doy cuenta la play mas que una máquina era una compañía, y las minas nunca van a entender eso. Por eso, creo yo, que la play tuvo tanto éxito, porque llenaba ese vacío que muchos pibitos rechonchos teníamos. Era el cemento que llenaba el hueco de una mudanza, de un cambio de escuela, el enduído que tapaba los agujeros de no ver nunca mas a la chica que te gustaba en 6to grado y que por fin te habías animado a escribirle esa cartita, la que te contestó con un beso en el cachete.
Para nosotros, los de veintipico, la playstation fue nuestra educadora, nuestro psicólogo. Es inaudito pensar en un proceso emocional, sin la playstation.
Cualquier amigo que te quiere hacer el aguante te invita unas chichas y a jugar a la play para que te desahogues. Nosotros no lloramos, nosotros mandamos un centro con Beckham (cuando estaba en el Real Madrid) y lo cabecea Ronaldo. Nosotros no nos abrazamos, le tiramos un pase habilitación al amigo que anda mal, cuando jugamos de a cuatro.
Creo que el ponja que la inventó pensó en términos de gráficos, de jugabilidad, de costo beneficio. Lo que el ponja no sabía, era que poner a Roberto Carlos a jugar de delantero te podía sanar una herida.

[...] This post was mentioned on Twitter by Nicolas Bortagaray, Laureano Herger. Laureano Herger said: RT: @tato95 "Lo que el ponja no sabía…" //Gracias loco!! dejo el link para los que no lo leyeron todavía http://cor.to/lDc [...]
Muy bueno! Gracias por la explicación, ahora, como mina, los entiendo mejor!
Cuanta verdad en un par de parrafos