La historia sería mas o menos así:
Se casa tu tía solterona Elvira, después de 47 años de manicure y limpiezas de cutis, logró enganchar un cincuentón pelado, dueño de una carnicería en Villa Domínico que fuma Parisiennes como yo como sugus confitados, al que no se le había conocido pareja alguna hasta claro, Elvira.
Deciden casarse, ellos son de otra generación y lo de “irse a vivir” a esta altura, es tan irreal como los que ponen “es complicado” cuando Facebook les pregunta por sus relaciones amorosas (ya todos sabemos que “complicado” es sinónimo de “soltero”).
Laureano, no divagues, quedémonos con Elvira y Alfredo (por algo se llama “carnicerías Alfredo”), ellos no pueden negarle al barrio la alegría del enlace, no pueden no ostentar la caída de un velo de maldición que duró 47 años para una, y cincuenta y cuantos sabe uno, para otro.
La fiesta, La Fiesta, LA- FIESTA.
Empanadas con azuquitar arriba, aceitunitas, vino medio pelo para todo el mundo, y por sobre todas las cosas, carne, mucha carne al asador, de todos los cortes, tamaños y formas que se imaginen, como una especie de fábrica de Willy Wonka, pero de carne, y sin Umpa Lumpas.
Todo viene bien, la banda que contrató el amigo de un amigo del sobrino de uno de los novios empieza a probar acordes, la gente festeja, es un rejunte de barrio donde se corta una calle y todos, TODOS están invitados al evento, hasta que el baterista la empieza a rockear:
Tal vez no estén listos para esto, pero a sus hijos les va a encantar
Marty Mc Fly

un masa el baterista no? lo que no entiendo que hace con dos palitos chinos en la mano.